Comentario de Pica para la asignatura de Ciencia Política y de la Administración

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Andrés de Blas (1995): “El nacionalismo”, en Fernando Vallespín (ed.): Historia de la teoría política.

 

Andrés de Blas realiza un análisis donde presenta dos diferentes clases de nacionalismo, el cultural, basado en la exaltación de las diferencias culturales y sociales entre los individuos, y el político, que persigue en su búsqueda los resortes del poder, lo que en el actual sistema representa el Estado. Su tesis explica que, de manera constante e independiente de su origen, el primero se acaba transformando en el segundo. La segunda idea más relevante es la de que el nacionalismo deriva del desarrollo de la sociedad industrial capitalista, es un producto, no buscado, de la implantación de la lógica liberal democrática ya que “las sociedades tradicionales son en buena medida incompatibles con las pretensiones del nacionalismo” Gellner.

 

Desarrolla también, la génesis de los nacionalismos alemán y francés y su posterior evolución. De los que destacaría el nacionalismo económico alemán, basado en la identificación entre los intereses del Estado y la incipiente élite industrial, y en el caso francés, del conflicto alemán tradicional con los territorios de Alsacia y Lorena, de la expansión imperialista y en el signo de represión centralista, unificadora y nacionalista de la revolución francesa.

 

El nacionalismo en la persona

 

Lo primero sería definir el nacionalismo como una creación del ser humano. Esta creación responde a una necesidad general, al igual que la matemática en su origen era la representación del cálculo agrario o ganadero, o la geometría la valoración del espacio de la cueva. El nacionalismo, independiente de la búsqueda de poder de determinadas clases, responde a una carencia sentimental más general del individuo que va más allá de los intereses de un grupo reducido.

 

Si bien es cierto que el nacionalismo cultural acaba derivando en nacionalismo político, es cierto solo para una parte de este, cuya voluntad no es más que la instrumentalización de un sentimiento para la obtención del poder encarnado en el Estado. Lo cierto es que este sentimiento pre-existe en un ciudadano común cuyas aspiraciones no giran en torno a intereses, sino que siente como propia y se siente como parte de esta ideología.

 

No estoy planteando la idea de que la realidad naciónal pre-exista, como cualquier clase de mística, es una creación de los hombres. Lo que se da previamente y de manera universal es la necesidad de respuestas.

 

Si el objetivo último del nacionalismo político es la conquista del poder ¿Que sentido saca de ello el ciudadano común que no se ve directamente beneficiado?

 

Quizás la idea más interesante del texto es la presentación del nacionalismo como consecuencia de los avances sociales del sistema democrático liberal. Este sistema da fuerza a la idea del individuo, y lo dota de un nuevo horizonte de autonomía, libertad y poder de decisión. Ante esta nueva situación del hombre, este puede ejercer su derecho a renovar el contrato social, a decidir su posición en el mundo. De manera paralela a la progresiva destrucción del antiguo régimen, la religión como explicación de lo universal retrocede. Análogamente “Los dioses no estaban ya, y Cristo no estaba todavía,  y de Cicerón a Marco Aurelio hubo un momento único  en que el hombre estuvo solo.” Flaubert. Para la separación del hombre y dios y la posterior soledad de este tiene una gran relevancia el periodo entre los siglos SXVIII y SXIX.

 

El objeto del nacionalismo “es la demanda impulsada por estas necesidades sociales, y no la fuerza de las realidades étnico-culturales, la creadora de la nación”, además de este razonamiento como elemento de construcción social, el nacionalismo también funciona como explicación de la realidad. Es decir, tratar de aportar una perspectiva sobre el mundo en su conjunto. Una cosmovisión donde el centro del universo (desplazado el ser humano de este en el pasado por Copérnico y Newton) retorna a la nación, donde está cercano a la persona, donde se trasciende de la propia existencia a través de este ente y donde se pertenece a un grupo reconocible de seres “buenos” en un mundo dividido entre el “nosotros” y el “ellos”. En resumen, una aportación mística y maniquea a la comprensión de la propia existencia.

 

El nacionalismo, como muchas otras ideologías y religiones, exige de los ritos comunes y los gestos públicos, la lengua como vehículo primario de comunicación entre seres humanos puede ejercer de función frontera (quien no la comparte no me entiende), y de primer factor de reconocimiento ente iguales. Religión, raza, clase social. No son más que distintos vehículos para la misma función, la “expresa renuncia en ella a abarcar a la humanidad”. 

 

El nacionalismo y la religión aportan un sistema de valores, así como un código de conducta, generando nuevas “tablas de la ley” que realizan una indudable labor de integración del individuo dentro de la sociedad. Al mismo tiempo retiran autonomía y poder de decisión al ser humano, y hacen necesaria una fase de adoctrinamiento que permita la introducción de dogmas “aquellos que forman parte de él no pueden entender lo que hacen” Gellner. La educación, como lo fue para la iglesia, se convierte en el caballo de batalla de todo proceso de construcción nacional.

 

Nacionalismo en los USA y España

 

Como más antigua democracia liberal, los Estados Unidos de América no ven representada, salvo de manera anecdótica (independentistas tejanos y semejantes) una verdadera respuesta nacionalista interna dentro de su esquema político. El profundo sentimiento patriótico de sus ciudadanos, la perpetua existencia de un enemigo (La corona inglesa, el comunismo, y ahora el terrorismo) así como el tremendo peso de la política local en los gobiernos, conjugan un escenario donde en un país del tamaño y población de Europa sus ciudadanos no sienten la necesidad de establecer nacionalismos diferenciados del estatal.

 

España como modelo de estado donde los nacionalistas forman actualmente parte fundamental de la escena política, ha conseguido un modelo estable, hasta ahora, de diálogo entre fuerzas. Los conflictos se resuelven a nivel democrático y a través de unas reglas comunes del estado de derecho. Pese a las tensiones coyunturales que se puedan plantear, que a nuestros ojos poco perspectivos y actuales revisten de una importancia capital, este modelo autonómico ha garantizado la representatividad de los intereses locales y de las minorías, favoreciendo la gobernabilidad del conjunto del estado generado un canal seguro y no violento de expresión de la inquietud nacionalista.

 

Conclusión

 

Aun siendo muy críticos y no compartiendo la  mística nacionalista y sus subproductos exaltados, es difícil no compartir la percepción de una cierta dialéctica dentro de la evolución de las sociedades, de la que, como ideología confrontadora y movilizadora, forma parte.

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Una respuesta to “Comentario de Pica para la asignatura de Ciencia Política y de la Administración”

  1. nubespasajeras Says:

    Eres muy optimista describiendo el sistema democrático español como estable. Lo es en un nivel muy amplio (en tanto en cuanto que no ha habido golpes de estado, por ejemplo), pero creo que la historia juzgará muy severamente esta época. Los partidos nacionalistas está creando una realidad distorsionada de este país de puertas adentro y de puertas afuera.
    Son tres millones de votos en total (como mucho) y tienen un peso y una presencia infinitamente mayores. No es justo.

    Los dos grandes partidos ya perciben como algo normal -como un peaje a pagar- el conceder algún privilegio a algún partido nacionalista para poder sacar adelante los presupuestos. Eso no es normal ni sano democráticamente, porque lo único que favorece es una espiral -un apalancamiento político- que sólo puede desembocar en un crack similar al que vivimoe hoy en día en la economía. Un referendum de autodeterminación y una eventual radicalización de la población de territorios gobernados por nacionalistaspueden ser dos ejemplos.

    En fin, que me parece que debería ser posible que las reivindicaciones nacionalistas fueran reversibles, cosa que ahora no pasa. CUalesquiera materia que se transfiera a las comunidades, jamá vuelve a las manos del estado. No me parece un buen modelo. Ni justo.

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